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La gran mayoría de los vinos que se elaboran en el mundo siguen los métodos y prácticas que se
desarrollaron en Francia, es el caso de los tintos de crianza, tintos de maceración carbónica, blancos afrutados, blancos fermentados en madera,
blancos botrytizados y los espumosos; todos estos vinos tienen su precedente en regiones como Burdeos, Borgoña o Champagne, en donde se desarrolló
tradicional-mente su elaboración, mientras en el resto de los países nos limitamos a
imitar.
En el universo enológico encontramos sólo dos grandes excepciones, dos tipos de vinos de absoluta originalidad y que no tienen precedente alguno en el país galo, el Oporto y el Jerez.
No es casualidad que ambos acapararan el interés de comerciantes extranjeros, como Sandeman, Harvey, Byass, Terry, Domecq, Garvey o Williams & Humbert y que Londres fuese el centro neurálgico del comercio de estos vinos durante siglos, ya que la gran potencia económica de otros tiempos supo ver tanto en Oporto como en Jerez de la Frontera, productos de inestimable valor.
Antes de la revolución técnica que la enología atravesó en el siglo XX, con el dominio de la conservación de los vinos, los generosos eran los únicos susceptibles de ser envejecidos y exportados sin un menoscabo de su calidad, por lo que han sido los grandes vinos de nuestros antepasados, y no es de extrañar que tanto en la zona de Oporto como en la de Jerez, se utilice el apelativo de Fino, que tanto en inglés (Fine), como en portugués o español, define algo de especial calidad.
Lo común de los dos vinos es que ambos se enriquecen con aguardiente vínico y se envejecen durante años en madera de roble. Lo que separa y distingue el
Oporto del Jerez, es que el primero es fundamentalmente un vino tinto, y el segundo exclusivamente blanco.
LA VIÑA DE JEREZ :
Recibe tradicionalmente más cuidados que cualquier otra, hasta 24 trabajos diferentes a lo largo del
año, incluyendo podas en verde, cuando es necesario, para mantener una producción baja por hectárea, ya que la máxima permitida es de 8.000 litros
de mosto en la zona de Jerez Superior, y de
10.000 en el resto. La variedad reina del marco jerezano es la Palomino, que ocupa más del 90 % de su viñedo, aunque recibe otros nombres como Listán (en
Sanlúcar de Barrameda), Horgazuela (en el Puerto de Santa María), Ojo de Liebre
(en Lebrija) y tempranilla (en Trebujena). Esta uva blanca produce vinos sin gran afrutamiento, con cuerpo, de unos 12º de alcohol, baja acidez, un tanto insípidos, y que nunca alcanzarían gran renombre si no se les sometiese al complejo sistema de crianza jerezano.
LA REGIÓN:
Supera las 18.000 hectáreas de viñedo que se reparten por los términos municipales de Jerez de la
Frontera, Puerto de Santa María, Sanlúcar de Barrameda, Trebujena, Chipiona, Rota, Puerto Real y Chiclana de la Frontera, en la provincia de Cádiz,
así como por Lebrija, en la provincia de Sevilla.
El clima es muy cálido como corresponde al sur de la península Ibérica, atemperado por la cercanía del Atlántico y dominantes vientos de poniente y levante.
Hay tres tipos de tierras en Jerez; albarizas, llamada así por su color blanco, formada por acumulación de diatomeas y algas microscópicas, son las mejores y constituyen la zona conocida como “Jerez Superior”; barros, de color oscuro y arenas, de tonalidades doradas
ELABORACIÓN
DEL JEREZ:
¿Cómo se elabora el Jerez?. Al vino joven de cada año, ya terminado, que en la zona llaman “sobretabla” o vulgar y erróneamente
“mosto”, se le añade alcohol vínico incrementando su graduación natural desde los 12º hasta los 15º, en el caso de los vinos que vayan a criar con levadura de flor, o hasta los 18º en el caso contrario.
El vino ya enriquecido con alcohol (encabezado) se introduce en toneles de roble, que allí se
llaman botas, de 500 litros de capacidad; una diferencia fundamental con los toneles utilizados para envejecer otros vinos, como pudieran ser los
de
Rioja, es que la bota jerezana debe ser siempre de madera vieja en la que los taninos han sido agotados, ya que no olvidemos que el Jerez es un vino blanco y delicado al
que la astringencia de los taninos perjudicaría.
Otra gran originalidad es que el vino no se introduce en una bota para que haga toda su crianza oxidativa hasta que pase a la botella, sino que se elabora con el sistema de “soleras” “criaderas”; se trata de varias filas superpuestas de botas (criaderas), sobre una fila que descansa en el suelo (solera); el vino de cada bota nunca se extrae en su totalidad, sino que cada año se saca una pequeña porción de las botas de la fila inferior (solera),para embotellarla y sacarla al mercado; el vacío dejado en la bota se rellena con una cantidad equivalente de otra bota de la fila inmediatamente superior, que a su vez es rellenada con el vino de otra bota de la fila inmediatamente superior, es decir se realiza un corrimiento de los vinos ; finalmente la fila superior se rellena con el vino nuevo de cada año.
Este sistema de soleras y criaderas hace posible una perfecta homogeneización del vino, que cada año es igual,
ya que se trata de una mezcla sucesiva de las cosechas de cada año.
Por eso las etiquetas de las botellas de los vinos de Jerez nunca indican la cosecha, ya que el vino
es una mezcla de muchas de ellas, y cuando visitamos una bodega jerezana y nos hablan de una solera
del año 1880, no quiere decir que el vino que contiene la bota es de ese año, sino es una mezcla de todas las cosechas desde 1880 hasta la
última. Precisamente el hecho de que el vino más envejecido es el que se encuentra en la fila del
suelo (solera), es la que da origen al concepto “un vino de solera” o a la expresión popular de
“tener solera”, para referirse a algo con tradición o antigüedad.
Como hemos dicho existen dos caminos diferentes para hacer vino de Jerez, o si se quiere dos estilos diferentes del Jerez:
Vinos encabezados hasta unos 15º de alcohol, este camino va a permitir que en el vino que está envejeciendo vivan unos seres microscópicos llamados “levaduras de flor”, y el límite viene impuesto por la cantidad de alcohol que las levaduras pueden tolerar, ya que en ambientes alcohólicos superiores a unos 17º las levaduras no pueden sobrevivir. Los vinos que se crían con levadura de flor, o lo que es lo mismo con “crianza biológica”, desarrollan un intenso perfume característico, y una potencia de sensaciones en boca admirable; asimismo, la levadura descompone el ácido acético por lo que los vinos que crían con ella mantienen bajo, e incluso llegan a disminuir su nivel de avinagramiento.
Los vinos de este grupo son los siguientes:
FINOS:
Realizan toda su crianza con levadura de flor (también llamada “velo”), la cual es muy sensible a la humedad y la temperatura, por lo a
veces no todas las zonas de una bodega pueden elaborar este vino, necesitándose las orientaciones más frescas y suelos de tierra o albero, que al
regarse elevan la humedad.
Para que viva la levadura se necesita una buena cantidad de aire dentro de la bota en la que se envejece el vino, por lo que ésta no se llenan totalmente; en estas condiciones el Fino se mantiene amarillo pajizo, un color de vino joven, a pesar de criar varios años en madera (las normas de la Denominación exigen un mínimo de 3), debido a que la levadura de flor impide la acumulación de pigmentos amarillos ámbar y castaños, típicos de los otros vinos blancos añejos que no envejecen con crianza biológica. El Fino es un vino de aperitivo, de aroma almendrado punzante, ligero, cálido, con baja acidez y una graduación alcohólica entre 15 y 17 grados.
MANZANILLA:
Aunque las viñas del Jerez estén esparcidas por los nueve términos municipales que vimos anteriormente, las bodegas de crianza tienen que localizarse en Jerez de la
frontera, El Puerto de Santa María, o
Sanlúcar de
Barrameda; en esta última ciudad las levaduras de flor se producen con mayor vigor, debido fundamentalmente a la mayor influencia atlántica; mientras
que en
Jerez o en el Puerto las levaduras están más activas en
primavera y en otoño, llegando a veces a desaparecer con el frío o el calor intenso, en Sanlúcar el clima es más homogéneo y la flor actúa con más intensidad sobre el vino.
Por ello el Fino que se cría en esta ciudad tiene un acabado especial, más delicado, sutil y tiene un color amarillo menos intenso, recibiendo el nombre de Manzanilla.
Aunque circulan diversas teorías sobre el origen del nombre, personalmente creo que viene del color de este vino, más claro que el Fino y parecido al de una infusión de manzanilla.
AMONTILLADO:
Cuando un Fino pierde la levadura de flor, continúa una crianza oxidativa normal dentro de la bota, y como la crianza biológica ya no le afecta,
comienza a incrementar su tonalidad amarilla, llegando a colores ambarinos. El aroma también cambia a
matices de avellana. El Amontillado es algo así como un fino “pasado”, no en vano el vino homólogo en
el caso de la Manzanilla se llama
“Manzanilla Pasada”. No deben considerarse vinos inferiores, sino diferentes; tienen una gran complejidad ya que tuvieron crianza biológica y oxidativa, son ideales para beber solos a media tarde, o como aperitivo.
Vinos
Encabezados hasta más de 17º-En
ellos lógicamente no puede vivir la levadura de flor, por lo que las botas en las que se envejecen
no se dejan una parte de aire, sino que se llenan totalmente. El vino sufre sólo una crianza oxidativa, y el color va amarilleando cada vez más con
el paso del tiempo hasta alcanzar tonos muy oscuros. Es interesante notar que cuando observamos una
copa de Fino color amarillo pajizo y una copa de oloroso de color castaño muy oscuro se tratan del mismo vino en origen (un blanco de uva Palomino) con los mismos años de envejecimiento en madera
(un mínimo de tres), sólo que el primero crió con levadura de flor y el segundo no.
OLOROSO:
Como su nombre sugiere es un vino muy aromático, con dejes de nuez; el color acastañado oscuro y en la boca puede ser seco o con algún dulzor, mucho cuerpo, baja acidez, alto de alcohol (entre
18 y 20 grados) y amplias sensaciones y persistencia. Es un vino ideal para tomar solo.
RAYA:
Es un vino que no alcanzó el aroma de un oloroso, teniendo menos finura y consiguientemente se consideran de menor calidad. Es muy extraño
comprar una botella de Jerez cuya etiqueta indique que
es un “Raya”, ya que las bodegas suelen venderlo como
Oloroso. El nombre proviene de las marcas que los catadores van pintando con tiza sobre las botas, cuando una bota de Oloroso perdía
características se le pintaba una raya.
PALO CORTADO: Es un vino interesante, desafortunadamente en vías de extinción, ¿recuerda la última vez que ha oído a alguien pedir un Palo Cortado en un bar ¿. Se trata de un vino con nariz de Amontillado y boca de Oloroso, es decir no tienen el aroma alto y delicado a nuez de un Oloroso sino otro mucho más austero con dejes de avellana típico del amontillado, pero en boca tiene mucho cuerpo y potencia de sensaciones, como el Oloroso. El origen de su nombre se debe una vez más a las marcas que los catadores hacen sobre las botas, en este caso una raya vertical cruzada con otra u otras horizontales.
PEDRO XIMÉNEZ: También llamado Pedro Ximén. El vino toma el nombre de la uva con la que se elabora,
Siendo la casta dominante en Montilla-Moriles, donde se utiliza para elaborar los mismos tipos de
vinos que en Jerez. En el marco de
Jerez ocupa un 5 % y se utiliza fundamentalmente para hacer vinos dulces ya que esta variedad, madurada
adecuadamente contiene más azucares que la Palomino. El origen del nombre de la uva, que pasó después al vino, es muy interesante; un soldado flamenco que combatió en los
ejércitos de Carlos I,llamado Peter Siemens, trajo una cepas desde la región alemana del Rhin de la variedad “Elbling” o
“Weissable”, que se aclimataron perfectamente a Andalucía, y
con el paso del tiempo el gracejo andaluz fue cambiando Peter por Pedro y Siemens por
Ximén.
El vino es ideal para acompañar postres y meriendas; de color caoba oscuro, aroma a madera y fruta madura, mucho cuerpo, sedoso y persistente.
EL JEREZ AL GUSTO ESPAÑOL Y AL GUSTO INTERNACIONAL:
Los tipos vistos son los tradicionales que se producen, se conocen y se consumen en la zona de producción. Dentro de nuestras fronteras se siguen distinguiendo la mayoría de ellos, pero los grandes consumidores del Jerez (el 90% del vino se destina a la exportación) no lo conocen del mismo modo.
Los ingleses, magníficos comercializadores se han preocupado minuciosamente de controlar los mercados tradicionales del Jerez, por lo que en Gran Bretaña,
Holanda, Alemania o Estados Unidos será difícil ver una botella con una etiqueta que contenga la palabra Fino, Amontillado u Oloroso; los comerciantes,
hijos de la Gran Bretaña, suelen pedir a los productores mezclas de vinos; por ejemplo
60% de Fino y 40% de Amontillado, y una etiqueta que diga “Stevens Sherry”,“ Dry”; o bien una mezcla del 40% de Fino, 40% de raya y un 20% de Pedro Ximén, que se llamará “Médium Dry”.
Con este sistema el consumidor nunca asocia el producto
que bebe con el origen, sino con la mezcla del comerciante, que llegado el momento del que el jerezano
le pida mucho dinero por el vino, cambia el abastecedor y compra vino en Sudáfrica, por ejemplo, y le sigue llamando igual “Stevens Sherry” “Dry”.
A esto se le llama British Sherry, y ¡pasmese!,
2 de cada 3 botellas de Sherry que se consumen en el
mundo no vienen de Jerez, ¿la calidad?, afortunadamente para nosotros es horrible, pues un buen Jerez es inimitable.
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